de lectura

¿Cómo aprendí a no tocarme la cara? Sobre la importancia de contemplar la propia cotidianidad

Por Nicolás Medina Silva

Blog hábitos del contacto con las manos-1

“Columna de opinión del Dr. Nicolás Medina sobre una de las medidas recomendadas para evitar el contagio del COVID – 19”

El ritmo frenético que nos demanda actualmente la vida en sociedad nos ha despojado sistemáticamente de la capacidad de contemplar nuestra propia cotidianidad. Día tras día, pretendemos apegarnos a una rutina que cada vez entendemos menos y que, frecuentemente, atiende a intereses alejados o entra en conflicto con aquello que realmente encontramos enriquecedor.


De repente, nos encontramos ante una situación que puede ayudar a evaluar esta rutina y, en mi opinión, debemos aprovechar esta oportunidad para aprender y recuperar un poco de libertad. Prácticamente de un día para otro, la naturaleza nos obliga a contemplar nuestra propia naturaleza cuando su vocero, personificado por el científico de turno, nos reta con 4 palabras simples, pero de un impacto masivo en nuestras vidas: “no tocarse la cara”.  (También puede leer:“Coronaterapia” en tiempos de pánico colectivo

Hemos perdido el contacto con nuestra propia vida al punto que ni siquiera sabemos si esto es posible. ¿Por qué es tan difícil?, no se trata de saber si puedo o no lograrlo, por cuánto tiempo o cuáles atajos o técnicas me pueden ayudar a lograrlo. La pregunta de fondo es: ¿si mis manos son tan importantes?, ¿qué tan consciente soy de lo que hacen en un día normal? Otra forma de pensar en esto es tratar de recordar qué proporción de mi día ocurre “en automático” al punto de que no tengo control sobre mis propias manos.

Definitivamente es un reto significativo, tanto no tocarse la cara como ser consciente del propio cuerpo y, a pesar de que no puedo ofrecer respuestas concretas, me parece pertinente compartir un enfoque que me ha parecido particularmente útil en este proceso. El budismo zen enfatiza la rigurosa moderación, la práctica de la meditación, la comprensión de la naturaleza de la mente, la naturaleza de las cosas, y la expresión personal de esta comprensión en la vida diaria, especialmente en beneficio de los demás. (También puede leer:Gestión por procesos… un reto para las organizaciones de salud

Una de las practicas del budismo zen que pretende ayudar en este proceso son los Kōan. Estos son historias, diálogos, preguntas o declaraciones que se usan en la práctica del zen para provocar la "gran duda" y para practicar o evaluar el progreso de n estudiante en zen. En este caso, la historia de la monja Chiyono me parece de gran ayuda cuando se pretende contemplar la propia rutina:

“Cuando la monja Chiyono estudiaba Zen bajo la dirección de Bukko en Engaku, no pudo alcanzar los frutos de la meditación durante mucho tiempo. Al fin una noche de luna llena, cuando estaba cargando agua en un viejo balde amarrado con bambú, el bambú se rompió y el balde se desfondó. ¡En ese momento Chiyono se iluminó!

En conmemoración escribió un poema:

De este modo y de aquel, traté de guardar el viejo balde.
Pues la cuerda estaba débil y a punto de romperse.
Hasta que al fin se desfondó.
Ya no hay agua en el balde.
Ya no hay luna en el agua

Con el perdón de los maestros Zen y de todos los que me han visto tocarme la cara en la última semana, me atrevo a decir que para no tocarse la cara la intención de no tocarse la cara es tal vez lo menos importante. Estoy convencido que un esfuerzo riguroso de contemplación sobre la propia rutina, no solo nos ayudará a acatar esta recomendación, sino que posiblemente tenga un impacto positivo y duradero sobre nuestras vidas.

Con mis manos entro en contacto con las personas que me rodean y tal vez si logro ser consciente de mis manos pueda disfrutar más de este contacto. Es posible que sienta menos urgencia de revisar las notificaciones de mi celular sí sé que debo usar las mismas manos que voy usar para tocar a mi familia. Es muy llamativo que el primer gran reto que nos presenta esta década no es algo que tenemos que hacer; sino algo que debemos no-hacer.

Así como un escultor elimina cuidadosamente y por diferentes métodos cantidades deliberadamente seleccionadas de material, es lo que eliminamos aquello que moldeará lo que queda de nuestra rutina. Aprovechemos esta oportunidad para recuperar el control que hemos perdido por que, a pesar de todo, yo aún no he podido aprender a no tocarme la cara.

 

Nicolás Medina Silva MD., MSc.

Investigador | CAIMED

 

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Etiquetas: Epidemiologia, Coronavirus, Epidemias

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